El malestar en la cultura

HEGEL

MARX

HEIDEGGER

AMELIA DÍEZ CUESTA

Psicoanalista

 

¿QUÉ SIGNIFICA, PARA MÍ, ESCRIBIR POESÍA?

 

Era tan fácil sufrir y tan posible escribir. Los huesos y su caducidad perseguían mis pasos en   dirección única hasta que la poesía me encontró y me abrió las puertas del mundo y me cerró el paso hacia el pasado.

Más que el agua que calma mi sed, es el agua que  funda mi sed de escribir. La escritura es mi suelo y mi alimento, no me importa si ha sido escrita por la mano de otro o la mía, por eso que leer y escribir es lo que me sostiene en un mundo estructurado como escritura. La poesía produce amor en mí y también hace la guerra por mí.

La poesía significa para mí que no existe ninguna palabra que no haya sangrado previamente en un poema, que no se haya ejercido previamente  una violencia sobre su uso vulgar, lo cual me permite habitar un mundo vivo y mantenerme en el deseo. Es para mí un puro nudo de  una palabra con otra, donde está ausente todo sentido y sobre todo el pequeño doble sentido; nudo que me teje y me desteje sin dejar rastro y cuya ausencia de  huella deja su marca indeleble en mi ser otro, cada vez que sea necesario para vivir; vivir en la residencia de los verbos leer y escribir, procesos cuyas ramificaciones me hacen ir y volver siempre por rutas diferentes, siempre por goces diferentes.

La poesía tiene para mí efecto de sentido y efecto de agujero, sacia mi necesidad de plenitud y de vacío, me hace historia y con ella hago historia, la escucho y me hace voz de varios pentagramas, hace la revolución por mí y permite que sea yo quien goce de esa revolución.

Escribo poesía porque si no lo hiciera la muerte no sería un proceso que me llevará toda la vida, la muerte no sería la fuente del goce de vivir; la vida no portaría en ella el sabor y el saber de la diferencia, y el amor no sería nuevo todos los días, ni tendría infinitas formas por no tener ninguna forma, tampoco la función de la palabra sería una función poética anclada en el lenguaje.

 

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